Historia de Tlaxcala

Aproximadamente hace 12 mil años, los primeros pobladores llegaron a la actual Tlaxcala, eran cazadores nómadas que 6 mil años después se organizarían en grupos familiares recolectores de frutos. Con la llegada de la agricultura, hace 4 mil años, estos se volvieron semi-sedentarios y comenzaron a desarrollar la cerámica para cocinar los alimentos, cuya dieta consistía en maguey, maíz y frutos. Su rápido crecimiento es evidente en el año 1,000 antes de Cristo, cuando 40 mil habitantes tlaxcalecos habitan el centro y sur de la entidad.



Quinientos años después, la población organizada en antiguas ciudades prehispánicas con calzadas, templos, pirámides, canales y diques, la población ascendía a los 125 mil habitantes, distribuidos en numerosos asentamientos. En esta época, las artesanías textiles de maguey y la alfarería eran eje central de la sociedad tlaxcalteca.

Tiempo después, hacia el siglo VII de nuestra era, el desarrollo de esta gran cultura detuvo su paso debido a la amenaza y llegada de otros grupos indígenas como los teotihuacanos, quienes se establecieron en el norte; los cholulteca, establecidos en el sur; y los olmeca-xicalancas. Estos últimos, establecieron su poderío dentro de una ciudad fortificada en la cuenca de los ríos Atoyac y Zahuapan, hacia el sureste del estado. El nombre de la ciudad era Cacaxtla, cuyas construcciones pehispánicas se asemejan mucho a las demás ciudades mesoamericanas, sin embargo, destacan las numerosas pinturas murales que nos cuentan sobre el sistema de creencias de esta antigua ciudad. Su posición estratégica encima de un cerro, además de ser un corredor comercial entre el Golfo de México, Puebla, Oaxaca y el Pacífico, le convirtió en un centro de continuo intercambio cultural.

En el siglo XII, la llegada de los teochichimecas significó el fin del control olmeca-xicalanca. A partir de entonces, los tlaxcaltecas afianzaron su poderío y con el correr de los años, los gobernantes y sus familiares formaron 4 grandes señoríos tlaxcaltecas Tepetícpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán. En el norte de la entidad, otomíes de tlaxco vivían manteniendo buenas relaciones con los señoríos de Tlaxcala.

En el centro de México, los aztecas ejercieron dominio absoluto sobre numerosos pueblos mesoamericanos, no así sobre los tlaxcaltecas, quienes una y otra vez lucharon para defender su nación y autonomía. Durante el florecimiento de la cultura mexica, la alianza de estos con otros señoríos trajo como consecuencia las “guerras floridas” en donde los aliados peleaban contra los enemigos, es decir Tlaxcala, Cholula y Huejotzingo. Ahora, el que estos últimos fueran blanco de las guerras para tomar víctimas de los sacrificios humanos o para placer y entrenamiento de los guerreros, no significaba que fueran amigos. Así, Cholula y Huejotzingo en algún momento se confabularon con los aztecas para atacar tierras tlaxcaltecas, no logrando conseguir un metro de suelo enemigo. Asimismo, los tlaxcaltecas no lograron nunca salir de los límites geográficos del territorio que tan bien sabían defender, y cuando los aztecas les bloquearon sus tradicionales rutas comerciales, los tlaxcaltecas tuvieron que encontrar rutas alternas.

Al inicio de la Conquista Española, Cortés necesitó atravesar las tierras tlaxcaltecas para llegar a la gran Tenochtitlán, para lo cual pidió permiso a los señores tlaxcaltecas. Xicohténcatl Axayactzin, hijo del dirigente Tizatlán Xicohténcatl Huehuetl opinó que la llegada del hombre blanco y barbón vaticinada como el regreso de Quetzalcoatl no era lo que esperaban, por lo que obtuvo autorización para pelear contra los españoles. Sin embargo, a la tercera derrota, los indígenas decidieron negociar con el enemigo.

El resultado de esta negociación fue el siguiente, los tlaxcaltecas colaborarían con los españoles en la conquista de la gran Tenochtitlán y a cambio los europeos respetarían su autonomía y forma de gobierno. Esto, siempre y cuando adoptaran la religión católica predicada por los conquistadores.

La larga tradición de rivalidad entre los pueblos indígenas dio como resultado la participación de los tlaxcaltecas en la caída del imperio mexica el 13 de agosto de 1521. Debido a su participación, los indígenas colaboradores recibieron tierras y se diseminaron por toda la Nueva España y parte de Centroamérica.

Según cálculos de los historiadores, la fundación de la ciudad de Tlaxcala, antes Tlaxcallan “lugar del pan o tortilla de maíz”, sucedió entre 1540 y 1550 bajo el mando del virrey Antonio de Mendoza. Para esto, los indígenas bajaron de los cerros donde habitaban para construir tradicionales ciudades coloniales con su gran plaza central, iglesia, tiendas, casas y avenidas. Esto, gracias a que los españoles deseaban obtener mayor control sobre los indígenas, cuyos señoríos quedaron reducidos a alcaldías.
A pesar de la promesa real española de no ceder las tierras tlaxcaltecas en propiedad a los españoles, el gobierno de la Nueva España hizo algunas concesiones, lo que provocó el envío de embajadas a España en 1552 y 1562, recordando a la corona del gran servicio que los señores tlaxcaltecas prestaron a su empresa.

Una vez iniciada la lucha por la independencia, 3 siglos después de iniciada la conquista, el gobierno tlaxcalteca permaneció leal a la corona española, aún así, numerosos y valientes tlaxcaltecos lucharon por obtener la libertad nacional. Entre los que más destacan son Miguel Serrano, Juan Cortés, Antonio Arroyo y Vicente Gómez.

Al término de la lucha independentista, México experimentó el breve mandato de Agustín de Iturbide, autoproclamado emperador de México. Y durante la celebración del Congreso de la Unión en 1823, cuando muchos de los estados actuales definieron su independencia y autonomía, el gobierno de Puebla solicitó la anexión de Tlaxcala. Ante tal sugerencia, autoridades tlaxcaltecas acudieron al congreso para desmentir las calumnias sobre el retraso y falta de recursos propios del territorio. El cual mantuvo tal estatus hasta el 9 de diciembre de 1856, fecha en que gracias a la labor del Jefe Político del territorio, Guillermo Valle, se le concedió la categoría de estado libre y soberano.

A mediados del siglo XIX, durante la invasión francesa, los tlaxcaltecas lucharon contra los europeos, sin embargo, en 1863 la capital del estado es tomada y el gobernador Manuel Saldaña debe huir a la sierra de la vecina Puebla. Desde ahí, federalistas tlaxcaltecas y poblanos continúan la lucha contra el invasor enemigo, hasta que logran retomar Tlaxcala y formar una barrera de contigencia alrededor del estado de México donde se encontraba el emperador Maximiliano de Habsburgo.

Durante el porfirismo, al igual que en el resto de la república, el ferrocarril llegó para transformar la vida de Tlaxcala. El pequeño estado construyó 260 km de vías ferroviarias que detonarían la tradicionalmente economía agraria. Asimismo, el largo gobierno de Próspero Cahuantzi, fomentó el desarrollo de la industria textil, del vidrio, de fundición, del papel y de muchas otras actividades manufactureras que hasta entonces se habían mantenido como pequeños talleres de producción.

Poco antes del estallido de la Revolución Mexicana, los tlaxcaltecas ya habían escuchado de los ideales antireeleccionistas de Francisco I. Madero, por lo que el gobierno de la entidad tomó rápidas medidas para defenderse de los insurgentes. Juan Cuamatzi fue el primer cabecilla revolucionario tlaxcalteca que peleó por la causa libertadora. A su muerte, el movimiento ya había ganado suficientes adeptos para proseguir con la lucha.

Al término de la misma, el dirigente obrero Antonio Hidalgo asumió la gubernatura y se dedicó a devolver tierras a los indígenas, crear colonias campesinas, imponer salarios más justos y en general mejorar las condiciones de los más pobres; acciones que motivaron a los ricos hacendados a formar su propia Liga de Agricultores, cuyo objetivo era destituir a Hidalgo. Una vez logrado, revolucionarios tlaxcaltecas como Domingo Arenas y Máximo Rojas continuaron la labor de repartir tierras a los indígenas.

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