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El Sótano de Las Golondrinas
A pesar de su nombre, este refugio natural no hospeda golondrinas, sino vencejos Apus apus (parientes de las golondrinas y los colibríes) y la especie de loros Aratinga holochlora, conocidos como cotorras de cueva.
Estas aves realizan unos rituales sorprendentes. Al amanecer, miles de ellos vuelan de forma ordenada hasta las costas veracruzanas, a más de cien kilómetros de distancia, para buscar alimento. Para salir de la cueva, las aves vuelan en círculos, gradualmente volando hacia arriba hasta que pueden llegar a la superficie. Las aves hacen esto cada mañana y este éxodo se ha convertido en parte de la atracción turística.
Al atardecer, realizan un vuelo en espiral para luego precipitarse hacia sus nidos en el profundo abismo del sótano. Las aves circundan la entrada de la cueva y cada minuto un conjunto de aproximadamente cincuenta se despegan del grupo y vuelan directo hacia adentro. Tan pronto como pasan el borde de la superficie, retraen sus alas para entrar en caída libre a la cueva. Extienden sus alas para detener el descenso cuando llegan a sus nidos.
Este accidente orográfico fue descubierto en 1976 por un equipo de ornitólogos de la universidad de Texas, quienes estudiaban las aves que habitan en las fosas de la Huasteca potosina, dando a conocer la importancia de tales fosas como lugar de refugio de las aves contra los predadores.
La región Huasteca está habitada por los tének, quienes conservan su identidad de lengua, creencias, tradiciones y forma de vida a pesar de haber sido conquistados por los nahuas, españoles y mestizos a lo largo de la historia.
Aunque este sitio fue inicialmente interesante sólo para los científicos, esta fosa actualmente atrae a espeleólogos y turistas. Es considerada reserva de la biosfera por el gobierno de México, otorgándole protección contra la explotación excesiva del sitio. Sin embargo, estudios ornitológicos indican que ha habido una paulatina disminución de la población de aves dentro de la gruta, probablemente debido a la afluencia de visitantes.
La posición vertical de esta cueva la hace muy popular para quienes gustan del rapell, lo cual toma unos pocos minutos de descenso y más de una hora para volver a la superficie. Dentro de la cueva las temperaturas son frías y en temporada de lluvias, la entrada de la cueva se convierte en cascadas.
Para descender al sótano se requiere de experiencia, equipo especial y permisos. Sin embargo, se disfruta el extraordinario ritual de los vencejos y loros cuando regresan al atardecer; visitar los alrededores y tomar fotografías, observando la flora y fauna en su hábitat.
Artículo Producido por el Equipo Editorial Explorando México.
Copyright Explorando México, Todos los Derechos Reservados.
Foto: Stephen Alvarez, National Geographic
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